En un clarinete de granadilla, un solo soplo basta para llevar el interior del tubo al 95% de humedad relativa (HR). La cifra está medida: Christina R. T. Young, del Courtauld Institute of Art, y Gabriele Rossi Rognoni, del Museum of Music del Royal College of Music, la publicaron en 2015 en «Playing Historical Clarinets: Quantifying the Risk», presentado en el congreso anual de la red COST FP1302 WoodMusICK, celebrado en Londres los días 9 y 10 de septiembre de aquel año. Su frase es literal: «Values of 95%RH are measured inside the barrel after a single breath.» —«se miden valores de 95% HR dentro del barrilete tras un solo soplo»—.
En la campana del mismo instrumento, un clarinete Noblet de granadilla de veinticinco años, el sensor registró el ascenso completo: «going from 38%RH to 65%RH in seconds» —«pasando de 38% HR a 65% HR en segundos»—. Es decir que el tubo arranca en equilibrio con la sala, y en el tiempo de una frase musical el aire de dentro ya no tiene nada que ver con el de fuera. Quien toca en una habitación seca de Madrid o de Zaragoza en julio no está exponiendo la madera a esa sequedad mientras toca: la está exponiendo a un salto.
Y ese mismo aire caliente y cargado de agua explica la segunda cosa que el clarinetista nota en una sala seca: la afinación se mueve. Joe Wolfe, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, cifra la mecánica en su página sobre el calentamiento de los instrumentos de viento: a temperaturas ordinarias «it takes about 6°C to change the speed of sound by 1%» —«hacen falta unos 6 °C para cambiar la velocidad del sonido un 1%»—, y ese mismo 1% se consigue también con «a 3% increase in water concentration» —«un aumento del 3% en la concentración de agua»—.
Qué se midió dentro del clarinete, y en qué punto del tubo
El trabajo de Young y Rossi Rognoni es una medición instrumentada, no una estimación. Colocaron sensores en puntos distintos del tubo de un clarinete de madera y registraron la HR mientras alguien tocaba, con un protocolo que el pie de su figura 1 describe como «Continuous playing with 10 second blows.» —«ejecución continua con soplos de 10 segundos»—. El resultado interesante no es que suba: es cuánto y en qué punto.
El gradiente a lo largo del tubo es la parte que más cambia la forma de pensar el problema. El barrilete, que es la pieza corta entre la boquilla y el cuerpo superior, llega al 95%. La campana, en el extremo opuesto, se queda en 65% partiendo de 38%. El instrumento no se humedece de forma uniforme: se humedece por donde entra el aliento, y mucho más deprisa ahí que en el resto.
Conviene retener el tamaño de la muestra. Se trata de un instrumento concreto, de granadilla y con veinticinco años de uso, no de una serie de clarinetes de distintas maderas y edades. Los autores lo dicen de sí mismos: «The paper presents research in progress which at this stage has concentrated on clarinets.» —«el artículo presenta investigación en curso que en esta etapa se ha concentrado en clarinetes»—.
La caña mojada aporta su propia humedad, y es medible
Una parte del agua que aparece dentro del tubo no viene del aliento sino de la caña. Los mismos autores lo separan y lo cuantifican: «The wetted reed inserted into the mouth piece results in an increase in RH of at least 20-30%RH.» —«la caña humedecida, insertada en la boquilla, produce un aumento de al menos 20-30% HR»—. Es un aporte que ocurre antes de tocar la primera nota, por el simple hecho de montar una caña mojada en el instrumento.
El detalle tiene consecuencia práctica para quien ensaya en una sala seca. Dos de los gestos rutinarios del comienzo —chupar la caña y montarla, y después soplar— son dos fuentes de humedad distintas que se suman dentro de un tubo que estaba en equilibrio con una habitación al 35%. La transición no es gradual.
Lo que esta medición no dice es a partir de qué punto esa transición hace daño, y los autores no lo ocultan: su artículo cierra remitiendo a la literatura previa para señalar que el comportamiento impredecible de estos instrumentos «makes clear guidelines for using early woodwinds impossible to establish» —«hace imposible establecer directrices claras para el uso de instrumentos de viento-madera antiguos»—, y plantea un sistema de referencia para evaluar el riesgo como objetivo futuro, no como resultado disponible.
La flauta no es el clarinete: 100% en la embocadura y 85% a los ocho minutos
Hay una segunda medición publicada, y es de otro instrumento. Claire Soubeyran, Tim Padfield, Henri Gohin y Peter Spohr, en la página de Conservation Physics dedicada al efecto de la humedad en el funcionamiento de los instrumentos de viento-madera, instrumentaron una flauta travesera. Junto al agujero de embocadura la saturación fue inmediata: «This instrument revealed, as expected, 100% RH established very quickly close to the mouth hole.» —«este instrumento mostró, como era de esperar, un 100% HR establecido muy rápidamente cerca del agujero de embocadura»—. Y añaden el momento en que aparece agua líquida: «Condensation started after 30 seconds.» —«la condensación comenzó a los 30 segundos»—.
El dato que conviene subrayar es el otro, el del punto alejado de la boca: «However even after eight minutes of playing the RH at the central joint was only 85%.» —«sin embargo, incluso después de ocho minutos de ejecución la HR en la junta central era de solo 85%»—. Ocho minutos tocando, y una parte del tubo todavía por debajo de la saturación. El gradiente que Young y Rossi Rognoni vieron en el clarinete reaparece aquí en otro instrumento y con otra geometría.
Son dos trabajos sobre dos instrumentos distintos, y los números no son intercambiables. El 95% pertenece a un clarinete de granadilla; el 100% y el 85% pertenecen a una flauta travesera. Un clarinetista que cite el 100% como si fuera lo que ocurre en su barrilete está usando una medición que no se hizo en su instrumento.
La afinación que sube: 6 °C o un 3% más de agua dan el mismo 1%
La página de Wolfe sirve para entender por qué el instrumento se afina solo durante los primeros minutos. La frecuencia de las notas depende de la velocidad del sonido dentro del tubo, y esa velocidad sube tanto con la temperatura como con la cantidad de vapor de agua. Las dos cosas ocurren a la vez cuando se sopla, y Wolfe lo resume así: «These effects of humidity and temperature add up, so it’s easy for them to produce 1% or even 2% or more increase in speed of sound.» —«estos efectos de la humedad y la temperatura se suman, de modo que les resulta fácil producir un aumento del 1%, o incluso del 2% o más, en la velocidad del sonido»—.
Hay un tercer factor que empuja en sentido contrario y que la misma página explica: el dióxido de carbono del aire exhalado. Al ser más denso, baja la velocidad del sonido y compensa en parte la subida, lo que según Wolfe explica el descenso de la curva en los primeros segundos. Por eso el movimiento de afinación de un instrumento recién empezado no es una rampa limpia.
Buffet Crampon, que es fabricante y por tanto habla de su propio producto, publica en su página de mantenimiento una cifra coherente con ese marco para sus clarinetes: están «designed to reach its pitch when it is played for four minutes in a room of average temperature (20°C)» —«diseñados para alcanzar su afinación cuando se tocan durante cuatro minutos en una sala de temperatura media (20 °C)»—. Conviene leerlo como lo que es, una declaración del fabricante sobre sus instrumentos y referida a una sala a 20 °C, no como una constante física medida por un tercero.
Cómo leer estas cifras sin estirarlas
La utilidad de estos números para quien cuida un instrumento está en atribuirlos bien, y hay tres atribuciones que se confunden con facilidad. El 95% es de un clarinete de granadilla de veinticinco años medido por Young y Rossi Rognoni. El 100% y el 85% son de una flauta travesera medida por Soubeyran, Padfield, Gohin y Spohr. Y el trabajo experimental que sostiene la parte acústica de la página de Wolfe se hizo sobre un instrumento que no es ninguno de los dos.
Ese trabajo es de Boutin, Smith y Wolfe, publicado en 2020 en el Journal of the Acoustical Society of America con el título «»Warming up» a wind instrument: The time-dependent effects of exhaled air on the resonances of a trombone». Midió un trombón, y no midió humedad relativa dentro del tubo sino frecuencias de resonancia; la propia página precisa además que «we measured the resonance frequencies of the instrument alone, without a player» —«medimos las frecuencias de resonancia del instrumento solo, sin intérprete»—. Trasladar una cifra de ese experimento a un clarinete de madera sería cambiar de instrumento, de magnitud y de montaje en un mismo paso.
Lo que queda, entonces, es un conjunto pequeño de mediciones sólidas y acotadas: el interior del tubo llega a humedades muy altas en segundos, el ascenso es desigual según el punto del tubo, la caña aporta una parte medible, y la afinación se mueve por temperatura y vapor de agua a la vez. Ninguna de estas fuentes convierte eso en un umbral de daño.
| Instrumento medido | Estudio | Magnitud registrada | Punto más húmedo | Otro punto del mismo tubo |
|---|---|---|---|---|
| Clarinete de granadilla (Noblet, 25 años) | Young y Rossi Rognoni, 2015 | HR en el interior del tubo | Barrilete, 95% | Campana, de 38% a 65% |
| Flauta travesera | Soubeyran, Padfield, Gohin y Spohr | HR en el interior del tubo | Agujero de embocadura, 100% | Junta central, 85% a los 8 min |
| Trombón | Boutin, Smith y Wolfe, 2020 | Frecuencias de resonancia | No publica valor de HR | Montaje sin intérprete |
Lo que no pudimos verificar: ningún umbral de humedad a partir del cual la madera de un clarinete sufra daño. El artículo de Young y Rossi Rognoni se define como investigación en curso y no establece ese límite, y las demás fuentes abiertas tampoco lo fijan; no consta en lo que hemos podido abrir una serie de mediciones sobre varios clarinetes de distintas maderas y edades que permita saber si el 95% del barrilete es un valor típico o el de ese ejemplar. Tampoco pudimos abrir el artículo de Boutin, Smith y Wolfe en el Journal of the Acoustical Society of America, que es de pago: su contenido lo tomamos de la página de divulgación de uno de sus autores, y por eso aquí solo se usa para situar qué instrumento se midió, no para aportar cifras. El lector puede confirmar las mediciones de HR en los dos textos en abierto citados abajo, y la cifra de los cuatro minutos a 20 °C en la página de mantenimiento del propio fabricante.
Datos verificados en octubre de 2026. Las recomendaciones de los fabricantes y las normas de conservación cambian. Confirma siempre en la web oficial del fabricante de tu instrumento antes de aplicar cualquier tratamiento.
Fuentes consultadas
- Christina R. T. Young y Gabriele Rossi Rognoni — «Playing Historical Clarinets: Quantifying the Risk» (COST FP1302 WoodMusICK, Londres, 2015) — mide 95% HR en el barrilete de un clarinete Noblet de granadilla de 25 años tras un solo soplo, el paso de 38% a 65% en la campana y un aporte de al menos 20-30% HR de la caña mojada, y se declara investigación en curso sin umbral de daño.
- Conservation Physics — Claire Soubeyran, Tim Padfield, Henri Gohin y Peter Spohr, «The effect of moisture on the performance of woodwind instruments» — mide en una flauta travesera 100% HR junto al agujero de embocadura, condensación a los 30 segundos y 85% HR en la junta central después de ocho minutos.
- Universidad de Nueva Gales del Sur — Joe Wolfe, «»Warming up» a wind instrument» — cuantifica que 6 °C o un aumento del 3% en la concentración de agua cambian cada uno un 1% la velocidad del sonido, explica el efecto contrario del CO₂ exhalado y remite al experimento de 2020 realizado sobre un trombón.
- Buffet Crampon — «Maintain your instrument» — declaración del fabricante: sus clarinetes están diseñados para alcanzar la afinación tras cuatro minutos de ejecución en una sala a 20 °C.